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Recuerdo cuando leí por primera vez el mito de Sisífo. Me tocó en una época típica adolescente (¿o post-adolescente quizás?) en la universidad. Había empezado mi interés por la filosofía y el texto de Camus es uno de lo más recomendados, aunque sinceramente no se si leer sobre el absurdo es la mejor a ciertas edades y en ciertas circunstancias.

Era una época especialmente nihilista y cínica para mí. Al terminar de leer recuerdo estar muy cabreado con Camus con el final: "debemos imaginar a Sísifo feliz". ¿Cómo podía decir tal tontería? Una vida condenada al trabajo sin ningún significado como algo feliz era una idiotez. Me había enfocado en las partes del dolor y de la falta de significado, las más inútiles para entender la historia y para mi bienestar personal. Había obviado totalmente lo que Camus intenta describir como el absurdo y nuestra actitud hacia él. Quizá porque no es tanto una historia que podamos asimilar de forma completamente racional sino que se necesita una cierta actitud y colección de experiencias.

Estos días me ha estado dando vueltas por la cabeza la historia, y creo que puedo verla más desde el interés del autor, la aceptación del absurdo. A la falta de significado de cada día y cada acción, se une la lucha de cada día. De días especialmente difíciles: constantemente nuestro ser nos grita lo inadecuado que somos para todo y como nada es suficiente. Existe algún momento en el que tomamos un respiro, y en seguida vuelve un torrente de pensamientos a machacarnos. Es en ese momento de respiro que nos podemos alejar y entender que como te sientes no eres tú, no todo tú. Como si viéramos a Sísifo desde lejos y sintiéramos su lucha pero no la hiciéramos nuestra. A partir de ahí viene un cierto alivio, existe una aceptación de la situación y de que carece de significado. Se dibuja una sonrisa melancólica en entender que ese es nuestro destino, y una recompensa por la valentía de dar otro paso y seguir empujando la piedra.

Puedo imaginarme feliz.